¿Hay algo mejor en esta vida que una cruenta historia de venganza? Poco se puede comparar a asistir a estupefacto a aniquilación despiadada uno por uno de los malosos que putearon al jicho de la peli. Torturas, asesinatos a sangre fría, cartuchazos por un tubo y un rastro de cadáveres, compliendo el principio más antiguo y devastador del universo: el ojo por ojo. Por eso, he escogido entre mis preferencias cinematográficas las películas más representativas de este tipo de subgénero, que a mí por lo menos, nunca me decepciona.
El Cuervo (The Crow, 1994)
Ejemplo de película que gustó en su momento, y que a mi precisamente me pareció genial, pero que con los años se ha convertido en el cliché de góticos industriales que se visten de espantajo hasta para ir a por el pan. Una peli muy bien llevada, con una estética muy conseguida y una banda sonora más que decente, que si bien no escatima en detalles escabrosos, tampoco es el paradigma de la violencia. Alex Proyas consiguió un film redondo antes de la genial Dark City, la película cumbre del desaparecido Brandon Lee y un recital del malo con más cara de hijo de puta del mundo, Michael Wincott. Ojo a la escena de la reunión de mafiosos. Imprescindible.
Darkman (Darkman, 1990)

Película que habréis visto una media de doscientas veces en las sobremesas/madrugadas de TVE y ejemplo de ochentada descafeinada, dirigida por el director más sobrevalorado de los 80. A esto se dedicaba Sam Raimi antes de realizar las más que aceptables adaptaciones de Spiderman. Una película extraña con un desarrollo muy irregular y el amigo Liam Neeson salvando la papeleta, con un argumento y personajes secundarios que no convencen en ningún momento (a mí por lo menos no lo hicieron). Mediocre pero entretenida, y prescindible pero visible, sobre todo si (como es mi caso) te gustan las películas de los ochenta.
Kill Bill Vol. 1&2 (2003, 2004)

Una película de Tarantino siempre será una película de Tarantino, con todo lo que eso conlleva, y sería inútil criticar las carencias de sus películas sabiendo que siempre nos ofrece cosas que ningún otro director podría. Kill Bill es una película de venganza de las buenas, de esas que tanto me gustan. Una protagonista sin nada que perder, cinco malotes carismáticos a los que aniquilar y una katana justiciera. ¿Se puede pedir más? Pues sí, menos homenaje a la serie B y más coreografías un poco más curradas, no hubiera estado de más. Por lo demás, un auténtico crimen perdérsela.
V de Vendetta (V For Vendetta, 2005)

Debe ser de las pocas adaptaciones de cómics que me han convencido como película, y lo más seguro es que sea porque no he leído el comic de V for Vendetta (todavía). Como película funciona, y pese a que algunas escenas con Natalie Portman son un poco aburridas, el mensaje reaccionario de la película se impone con dos cojones, y da lugar a un personaje tan carismático, que no hace falta ni que enseñe la cara. Puede ser o no fiel al comic, que no lo sé, pero como película me gustó mucho. Un aplauso para los Wachowski, que la última vez que hicieron algo bueno era un sketch humorístico en un videojuego.
Venganza (Taken, 2008)

Otra vez el señor Neeson al rescate, en un filme de venganza en el que el protagonista no podría ser otra cosa, un ex-agente especial, entrando en los suburbios parisinos como un elefante en una cacharrería, y deleitándonos con un espectáculo tan efectista como satisfactorio. De hecho, tan satisfactorio, que cuando termine la película y te quieras parar a pensar los agujeros del guión y el sospechoso e inexistente síndrome de abstinencia de la hija del prota, sólo podrás recordar esa escena en la que Neeson atraviesa las rodillas de un pobre desgraciado con sendas puntas del 10. Formidable.
El Castigador (The Punisher, 1989, 2004, 2008)

Frank Castle se ha llevado más ostias en el cine que las que reparte en los comics, que ya es decir, y posiblemente pase a la historia como el superhéroe(?) más desaprovechado de la historia de la Mavel y de los cómics en general. Es decir, tenemos a un ex-militar consumido por la venganza, un arsenal militar bajo las alcantarillas y una ciudad llena de criminales… ¿Tan difícil es adaptar dignamente una historia tan simple?
Primero llegó Dolph Lungren con el pelo teñido, en un subproducto de serie B y SIN LA CAMISETA. Huelga definir la calidad de un film rodado en Australia, con la propina de un adolescente como presupuesto, en el que veremos al Castigador conduciendo un autobús lleno de niños. Sólo dos escenas se salvan de la quema, y una de ellas son los créditos iniciales. (Y no es broma).
Luego llegó un actor de serie Z, como es Thomas Jane y dijo: “¿El Castigador? ¡Yo doy el pego, dejármelo a mí!”, dando lugar a una de las adaptaciones más sosas y bochornosas que he visto en toda mi vida, en la que de verdad deseas que Frank Castle muera también durante la ejecución de su familia y te ahorre el resto de semejante despropósito. Cualquier cosa hubiese sido mejor que ver a una especie de ruso puesto de esteroides y vestido de comunión. Una adaptación lamentable, que consiguió que después de verla pensase en las dos horas de mi vida que acababa de tirar por el retrete.
Poco o nada esperaba de la siguiente incursión de Frank Castle en el mundo del cine, y mis expectativas en cuanto a Punisher: War Zone eran bastante bajas, sobre todo cuando fue relegada al mercado de video por su excesiva violencia, y denostada por la propia Marvel Pero como otras tantas veces, me equivoqué, no sin cierta alegría. Porque por fin The Punisher recibe la adaptación que merece. No nos engañemos: War Zone es serie B, pero la serie B que tanto el Castigador como yo estábamos buscando. Un protagonista que físicamente da el pego (es el romano mazao de la serie Roma, Ray Stevenson), un arsenal debajo de las alcantarillas, machetazos, puñaladas, venganza, ejecuciones, y ostiazos como panes, a ritmo de una de las más tochas y mejor implementadas bandas sonoras que he visto. Rob Zombie, Slipknot, Slayer, Rise Against, y Seether, entre otros, acompañan a una sinfonía de ostias que hará que recuerdes aquellas películas ultraviolentas de los 80, y disfrutes como un enano delante de semejante desbarre, que es nada más y nada menos que Thrash Metal hecho película.
Sin embargo, la mejor y más fiel adaptación del Señor Frank Castle no sería visible desde las butacas de un cine, si no de la mano de Volition a los mandos de una videoconsola, en la mejor adaptación de comic a videojuego que recuerdo, y en la que te sientes realmente como The Punisher. Si sois habituales del ocio electrónico y os gusta el Castigador, haceros con este juego sin perder un segundo.
Gladiator (Gladiator, 2001)

Y terminamos esta primera incursión en los títulos más destacados del cine de venganza, con una película de cinco estrellas, Gladiator. Poco puedo decir de un filme que creo que ha visto todo el planeta, y que narra la agonía de un hombre por vengar a su familia y restaurar la Roma en la que creía. Muchos se alzaron ante los presumibles errores históricos del filme, y ante según algunos, una historia poco elegante, pero la verdad es que Gladiator saca las bielas a ese tostón ideal pa echar la siesta en Semana Santa que es Espartaco. Con uno de los mejores finales que recuerdo haber visto, una película de cinco estrellas y de las gordas, imprescindible a todos los niveles. Si no la habéis visto no sé a que estáis esperando.
Y aquí termina esta primera parte de ese maravilloso sentimiento que es el deseo de venganza, con retorno programado y películas que ya deberíais haber visto. De momento empezad por estas.


















